El kilómetro 0 comenzó en Abrera a las 5 de la mañana, con el 'buenos días' de la resaca, las camas sin hacer y un par de cafés y aspirinas por estimulantes.
Conducía yo, Marta tomó la guía campsa y asumió el rol de copiloto. Era como una sucesión de objetivos encadenados a ritmo de Fangoria; al principio sólo pensabas 'Lleida, Lleida, Lleida', así hasta que Lleida aparece en el cartel de la carretera, en ese momento deja de interesarte y comienzas 'Zaragoza, Zaragoza, Zaragoza...'.
Si algún camionero os contó que una vez vio a dos mujeres solas, a lo loco, descotadas, y paradas en la NII, puede ser cierto. Si además os cuenta que los otros camioneros las pitaban y ellas salieron de detrás de las hierbas huyendo de un tábano, es verdad.
'Valladolid, Valladolid, Valladolid...' pero entre risas y porros nos perdimos y acabamos en un cementerio, con la única compañía de la Guardia Civil. ¡Con los malos fuimos a dar!. Llevábamos las faldas llenas de papelillos y restos de tabaco, pero los 'malos malísimos' pasaron obviaron los detalles insignificantes, al fin y al cabo con o sin papelillos el escote era el mismo!y nos guiaron con su coche hasta dejarnos en dirección a Zamora.
Así, gritando ['entre mil dudas'], con las ventanillas bajadas, despeinadas por el aire y las ganas de aire, llegamos a Zamora. Eso debía de ser sobre las 15h.
Portugal comenzaba a existir en los carteles de la carretea.
Qué pequeña es la luz de los faros, y sin embargo...
26.6.06
Kilómetro 0
en
01:00
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