Suena el despertador. Hoy hemos dormido una hora más (o eso nos decían de pequeños). Pasados X años seguimos sin entender bien por qué hemos cambiado los relojes. 'Por el ahorro energético'. Sí, de carrerilla también yo te diré que es por eso.
Los niños de los vecinos también se levantan. El pantalón que querías ponerte sigue ahí, en la silla y sin planchar. Tampoco está planchada la camisa. No pasa nada, es lunes y recurres a la ropa que queda limpia (o al menos la que parece limpia en comparación a la que no lo está). Al mirarte en el espejo te saluda un remolino que ni la laca del Cuéntame podría arreglarlo. Desde la cocina llegan los murmullos de la cafetera italiana de toda la vida. Esperas que salga el vecino con los niños para no encontrártelos en el ascensor. Sabes que con mucha probabilidad te encontrarás con el camión de BCN neta por la calle, que agarrarás un atasco de 45 min en la Ronda de Dalt, y que al llegar a los colegios tal vez los niños tengan la gripe y tú hayas madrugado para nada...
Pero entonces ocurre el milagro. Sintonizas M80 y llega esa melodía de la infancia. Esa vocecilla que cantaba aquello de 'jalolalu lolalu lolauuuu JI JI' y que nos acompañaba todas las tardes mientras merendábamos. Heidi, Pedro, el abuelo, Niebla, Clara, la abuelita de Clara, la Rottenmeyer (o cómo quiera que se escriba). Subo el volumen y canto como una loca. ¡A la mierda los lunes, las mamás de los colegios y los niños que me miran, estupefactos, desde sus coches!.
Voy a garbar esa melodía y ponérmela siempre a las 8a.m.
Ni Ginseng, ni Viagra, ni Speed ni Prozac. ¡Heidi!.
Qué pequeña es la luz de los faros, y sin embargo...
29.10.07
Menos prozac y más desparpajo
a la/s
22:03
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2 comentarios:
Jo vote per que te quedes amb aquest!
Precioso blog.
Felicidades, Eva. Me ha encantado.
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